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Sentía que mis fuerzas estaban llegando a su final, que mi respiración entrecortada era el preludio de algo terrible estaba a punto de ocurrir. Mis manos agarrotadas y entumecidas ya no guardaban más fuerza y hacía rato que habían dejado de agitarse, al igual que mis pies.
Tan solo mis brazos aún guardaban un ligero rescoldo de esperanza... esperanza... qué bonita palabra y cómo se habia ido destruyendo dentro de mi durante todo este tiempo, como las brasas de la hoguera cuando estás a punto de irte a dormir, como el ligero segundo de conciencia justo antes de caer en los brazos de Morfeo... ya no podía siquiera soñar con que quedaba de eso para mi.
Y de pronto me desperté. Adormilada busqué el teléfono y miré la hora. Las cuatro y cuarto. Como siempre.
- ¿Por qué me pasa esto a mi?, me pregunté a mi misma.
Realmente nadie sabe por qué me pasa esto a mi, ni yo misma.
Es como si me invadiera una sensación de nostalgia, de alegría y de pena y desesperación a la vez. Como cuando estás nadando en el mar y de repente viene una ola más grande de lo que te esperabas y te hunde, y tragas agua e intentas salir y tragas más agua, hasta que sales, fatigada y con una sensación de que esa ola se ha llevado parte de ti y que nunca más volverás a ver. Igual es el simil más raro que has escuchado en tu vida, pero no se me ocurre otra cosa, ahora mismo solo veo agua.
Me giro en la cama e intento volver a dormir. He escuchado que la meditación ayuda con el estrés y el agobio, pero diablos....
La entrada estaba abarrotada de gente y con el bullicio era incapaz de distinguir si él se encontraba ahí o por el contrario nunca había tenido la más mínima intención de presentarse.
Era tarde, sobre las ocho y media. Yo nunca habría quedado tan tarde. Esa era mi hora de dormir ultimamente, pero bah -pensé-, al carajo.
El tiempo pasa y yo, paso con él.
Es como si las olas que van a morir a la playa llegasen como atemorizadas, como medio muertas, casi sin vida. Un poco así es como me siento yo.
Atemorizada y medio sin vida, como con el aliento justo para llegar al final, un final.
Es triste que sea mentira eso de la gente que predice el futuro, o que por tu mano ya puede ver tu vida desde que naciste hasta ahora. Porque si a mi me lo hicieran, estoy segura de que me despacharían antes de tiempo, por aburrimiento.
Mi vida es una vorágine de aburrimiento, siempre lo ha sido. Muchos se quejan de los altibajos, de las montañas rusas, pero yo envidio esas montañas, ojalá haber tenido algo de emoción en mi vida.
Nacimiento mediocre, en una familia mediocre, en un barrio mediocre, con amigos mediocres (a veces sin ellos), estudiante mediocre en una casa mediocre.
Normalmente la vida es como el tiovivo de las ferias. El alma del jolgorio. Es bonito y te lo pasas bien, aunque a veces te mareas y vomitas.
Cuando era joven (más), un día mi abuela me dijo que la juventud era un divino tesoro. Que por muchos años que cumpliera, veinte, treinta, cuarenta, cincuenta, nunca perdiera aquello que me hacía joven.
Mi abuela era lo menos mediocre que ha pisado la faz de la tierra y que pisará jamás. Hoy recuerdo esas palabras con cariño y nostalgia. Era como conocer a tu media naranja y que encima le guste Los Goonies y Joy Division a la vez. Era como escuchar toda la discografía de Sigur Ros en un día, y terminar llorando y muerta de felicidad a la vez. Era como ir a una librería y encontrarte entre los pasillos con tu escritor favorito. Era como sentarse en el sofá un 10 de enero mientras nieva y estar escribiendo una bonita poesía en tu blog para que nadie la lea pero que a tí te hace inmensamente feliz. Nana era todo eso junto y mucho más. De todo menos mediocre.
La echo tanto de menos que me moriría antes de tiempo solo por poder estar ya con ella.
Se que anclarse al pasado no tiene mucho sentido, es decir, tampoco soy una poetisa romántica del siglo XIX que escribe sobre aquel amor de infancia que nunca le hizo caso y que por eso se suicidó. Tampoco soy Sylvia Plath (hace poco quitamos el gas de la cocina de casa, así que tampoco es que pudiera recrear su trágico final), ni Alejandra Pizarnik, aunque ojalá haber conocido a Julio Cortázar.
Pero mi vida mediocre me ha abocado a esto. Realmente no sé cual es mi objetivo en la vida. Mientras tanto, lo único que me queda es esto, el blog que nadie lee.
Mientras miraba a absorta a las gatas jugar, me imaginé cómo habría sido mi vida de haber seguido por aquel camino.
Realmente a veces siento nostalgia de aquellos días. De cómo me hacía sentir, de cómo lloraba desconsolada por sentirme como me sentía pero de cómo me gustaba el momento de abrazos y caricias de después.
Nunca entenderé, nunca me entenderé.
Mientras jugaban a morderme los pies, pensé en aquel portazo. Aquella salida como una furia de casa. Aquel paseo en dirección al metro con la intención de irme a casa y no volver nunca más.
También me acordé de aquella llamada de teléfono. De mi descolgar. Y de aquel "ven a casa. Si no vienes tu verás. Ven". Y aún me acuerdo de mí. Yendo. Volviendo. A. "Casa".
Odio la sensación de arrepentimiento. Odio darme cuenta después de que tenía que haber actuado de otra manera. Manera que ahora entiendo como la más racional. Lo odio.
Ahora recuerdo todos aquellos días con sensación de amargor. Fue bonito, y a la vez no. Me sentí muy bien y muy mal. Reí, pero también lloré desconsoladamente.
¿Se podrá retroceder el tiempo?,
¿Habrá alguna realidad paralela de nuestras vidas habiendo tomado la "otra" decisión?,
¿Es normal sentir esto?, ¿Qué es "esto"?
Mientras escucho a mis gatas jugar en la otra habitación, yo me siento en el sofá de mi casa. Mirando por la ventana. Son las 20.51 de la tarde (o noche, según se mire). Me fijo en los farolillos que tengo colgados del balcón.
No te quiero perder que la distancia se devore nuestra miel y perdamos la fe. No te quiero tener y cuando menos piense perderte otra vez, me duele hasta piel. Dentro de mí, semillas tengo de ti y sin ti pueden querer morir. Quiero sentarme a llorar, sacar de adentro mil cosas que te quiero decir, me siento tan débil sin ti. Quiero guardarme a la moral, darte unos besos que quizá tenga que robar de tu boca, mía .
Somos como dos extraños en la nieve. Ávidos de calor, pero rechazándonos a la vez.
Nuestras manos buscan el contacto, más la guía que antes existía ahora ya es nada.
Los hilos que nos movían a la par, ahora ya son finas hebras que se resquebrajan. Your hand in mine, me decías, mientras nos tumbábamos en la hierba a escuchar Explosions in the sky.
Intento articular palabra, decirte que ya no somos uno, que ya estamos vacíos, que la luz que nos llenaba, ya se apagó.
Y ahora estamos aquí, mirándonos, frente a frente. Tus manos intenta entrelazar las mías, pero ya solo somos sombras. Solo somos ancianos de sentimiento. Antiguos compañeros, conocidos, amantes, novios, simpatizantes. Somos polvo, hilos, sal, arena, nubes, somos pájaros que vuelan, somos caballos que galopan sin mirar atrás, somos eso, somos aire.
martes, 17 de febrero de 2015
Y observarte pintar en el silencio, estudiar tu libre movimiento, en ausencia de todo tiempo, fuera del marco, fuera del lienzo.
Tengo todo lo que necesito, no tengo armario ni quemo crucifijos. Mi botella ha vuelto a la arena, solo atiendo al grito de ballenas.
La luna agita de nuevo el cascabel y eriza los mares, me lleva a mi burdel. Maleta hambrienta, échate a llorar, nos anclamos aquí, a la espalda del mar.
La única verdad absoluta es que cuando naciste tu a los árboles le salieron frutas.
viernes, 6 de febrero de 2015
Secuestraría todas las olas del mundo, para meterlas en un recipiente fluorescente, y que las pudieras observar todas las noches antes de dormir, para así relajarte, y vivir más feliz.
jueves, 5 de febrero de 2015
Son como látigos en mi piel,
como escamas que recién salen
como ser pez pero sin aletas.
Son como espadas atravesadas en piedra,
Excálibur que atraviesa mis sueños.
Son como manchas en la nieve,
petróleo en las rocas,
sal en las heridas,
La sal que cicatriza las heridas
pero duele.
Dueles, me dueles
Dueles dentro
cada vez más dentro.
Sal, sal de aquí
sal y no vuelvas.
Dolor dolor dolor dolor. Es todo lo que escribo.
Dolor de mis amores, te quiero dentro y fuera a la vez.
Échame sal y déjame cicatrizar,
para así poder verte desde fuera
sintiendo dolor, pero así poder dejar de sentir
para
siempre.
miércoles, 8 de octubre de 2014
It took me 24 years to be ok with how the world works. After 288 months I've finally realized that it's ok to be sad when other people are happy, it's ok to be happy when other people are sad. It took eight thousand, six hundred and forty days for me to be ok with people leaving, for me to accept that that's just the way life has to be at times. Sometimes the people we love leave, sometimes we only see that we loved them after the've already gone. And after 210379 hours I've decided that I'm ok with that. This is the way things are. I've also realized that maybe; just maybe, the people that matter will never really leave you. And I'm ok with that too.
Un año y tres semanas después, ya me encontraba en perfecta forma para volver a las andadas.
Marnie me dejó, si. La mujer con nombre de perro me abandonó, si. Pero el duelo acababa de pasar. Los meses de vestir de negro funeral ya pasaron. Los meses de llorar mientras releía nuestro blog, ya pasaron. Los meses de ser y parecer un loser...quedaron en el olvido.
Renací cual ave fénix, pero rollo fucker. Renací como renacen los pardillos cuando terminan el instituto (y les dejan de robar el bocadillo en el recreo). Renací como se renace cuando vas hasta arriba de alcohol y te metes una raya de speed. Renací como... bueno, es igual, RENACÍ.
Lo primero que hice fue actualizar nuestro blog, con una entrada cuyo título era " Día 1: Marnie te echo de menos".
Tenía la esperanza de que lo leyera, obvio.
Redacté la entrada. Puse: "Te jodes marrana. Me dejaste y ahora eres una gorda con un bollo en el horno, y encima estás con un chino al que seguro que le mide 2mm. Soy feliz. Ciao."
Se que nunca lo leerá.
Realmente no sabía lo que era ser feliz. Con Marnie lo fui, pero año y pico después, se me había olvidado cómo seguir el proceso.
Llamé a Mike. Fuimos a tomar unas cervezas mientras me contaba las pajas que se había hecho mirando las fotos de la madre de su novia. MILF. Liada con su jefe. Le gustaban las faldas de cuero y sobreproteger a su hija. A los ojos de todo el mundo era la madre modélica (y buenorra).
Mike se tocaba con unas fotos de la madre de su novia, en la cocina, cocinando pancakes, con un bata de seda con la que se le transparentaban las bragas negras y el sujetador de Hello Kitty que le había robado a su hija.
Mike me daba grima. Y la cerveza también. Bebiendo solo había conseguido pensar más en Marnie y en los pancakes que ella me hacía, con un toque especial: Marihuana.
Al día siguiente, me vestí. Camiseta y pantalón negro. Me miré al espejo; la misma cara de siempre. El mismo pelo de siempre. La misma mierda de siempre.
Me senté en la cama. Cogí el ordenador. Borré la entrada de nuestro blog.
Ya no hay nuestro. Ya no hay blog. Ya no hay entrada. Ya no hay nada.
martes, 5 de agosto de 2014
Oh! If these walls could speak to me Or sing these eyes to sleep For what is broken is in the past As this perfect pitch won't last And so it goes The bird sings low The way I feel
lunes, 14 de julio de 2014
No hay nada que me mezca mejor que tus alas.
lunes, 7 de julio de 2014
A veces una se siente tan estúpida que se da auto-vergüenza
martes, 24 de junio de 2014
"Take a lover who looks at you like maybe you are magic"